Tiempos absurdos

Es difícil creer que aun pueda existir el amor, en tiempos en donde lo absurdo manda. El otro día me contaron que se metieron a robar a la casa de la vecina. La viejita de la esquina. Los ladrones removieron estantes, cajones, buscaron hasta debajo de la cama, dentro del colchón y no encontraron nada. N-A-D-A. La vieja no tenía nada. Apremiados por el tiempo notaron que en lo alto del estante del estudio se encontraba un cofre. Bastante elegante, hasta pecaba de ostentoso con aquellas piedras incrustadas. Lo tomaron sin pensar dos veces y huyeron. ¡Ja! La sorpresa que se llevaron los malandrines al escudriñar en su botín. Más valioso que cualquier manojo de collares o fajo de billetes, la vieja conservaba su mayor tesoro: Las cenizas de su esposo recién fallecido. Es que – ¿te das cuenta? –  en tiempos tan absurdos, como los de hoy, los ladrones finalmente aprendieron a robar.

– Sarah Faride

Amor: nos morimos

Amor, nos morimos. Morimos hora tras hora. Por el amor nos morimos. Morimos con cada suspiro, un poco. Morimos con la angustia de morir de amor. Muero de amor por ti. Por ti muero mi amor. Muero porque no estás aquí. Muero al verte morir.

Sara Faride

*Texto escrito en el otoño del 2012. Acuarela 60 x 40 cm de Sara Faride

Noche de Amor Insomne

Érase una vez dos extraños, él un despreocupado, ella sobre preocupada. Los extraños se miraron entre la multitud. Sus miradas se ataron en la quebrada y su amor se confundió bajo la luz de la luna llena y al ritmo de risas, tambores y fiesta.

Sus egos más inflados que aquella luna no les permitió decir lo que sus miradas gritaban. Y él en lugar de decir “Quédate!” dijo “buen viaje” y ella en lugar de decir “llévame contigo” le respondió “para ti también”.

Ahora por tontos, temerosos y convencionales… los extraños se extrañan cada noche, cada noche de amor insomne.

amor_insomne– Sara Faride

La leyenda del viajero y el Diablo

Cuenta la leyenda que el Viajero satisfaciendo su naturaleza aventurera llegó a las minas de Huanchaco. Su instinto curioso hizo que se adentrara a lo más profundo, donde se encontraba el Tío de la mina, el Diablo.

El viajero sediento de aventura decidió pactar con el diablo que le entregaría su alma a cambio de que le permita recorrer el mundo entero. El Tío acepto complacido y firmaron los acuerdos con sello seco y pacto de sangre. El Tío tenía una mirada burlona pasando por sarcástica. El viajero no sospechó nada, pensó que como era el diablo era lógico que tenga una mirada “diabólica”.

Así, comenzó su aventura. Año tras año fue emprendiendo viaje tras viaje. Empezó en la mitad del mundo, siguió por el viejo continente inundándose de música, amor y otoños anaranjados; paso por el desierto donde los tambores le recordaban su destino, después fue al norte, al país de la eterna sonrisa, y sus aventuras continuaron por mares, selvas, atardeceres, despertares del mar plateado, por el horizonte perpendicular, viajó en estrellas fugaces, se enamoró una y mil veces, dormía sobre la media luna roja, al borde del mundo justo donde empiezan los arcoíris y donde los unicornios descansan.

Los primeros años se llenó de felicidad, pero en seguida esta felicidad se fue desvaneciendo. El cielo ya no era suficiente y pensó que fue engañado, el Tío le jugó sucio. Él supuso que el Tío se llevaría su alma de golpe, como una curita, se la arrancaría sin advertencia y sin dolor. Pensó que así sería mejor. Sin alma no sentiría. Una noche sentado en su media luna que tenia de colchón se dio cuenta que estaba condenado a perder su alma poco a poco. Que desgracia la suya.

Su alma se desintegra con cada lugar por el que pasa, con cada persona con la que se encariña, con cada partida, con cada despedida un pedazo de su alma viajera se desprende. Esa noche el viajero lloró inconsolablemente – “¡ay de mí! Mi alma se está haciendo pedacitos de a poco, la estoy regando por el mundo como migajas de pan viejo”- sollozaba. Por el contrario de lo que pensaba, en lugar de sentir menos con el alma hecha piltrafa. Los retacitos que le quedan trabajan más duro, esforzándose por sentir mejor. Ahora, con toda esta vida encima las despedidas duelen más, se enamora más rápido, la pasión lo enloquece, las ferias son desenfrenadas, los atardeceres encandilan, las madrugadas hablan de soledad y el amor es un arma mortal.

Hoy, desde un grano de café en algún lugar de este planeta el viajero lamenta sobre-sentir la vida, condenado a morir de amor algún día.

nochedetambor

– Sara Faride