Tiempos absurdos

Es difícil creer que aun pueda existir el amor, en tiempos en donde lo absurdo manda. El otro día me contaron que se metieron a robar a la casa de la vecina. La viejita de la esquina. Los ladrones removieron estantes, cajones, buscaron hasta debajo de la cama, dentro del colchón y no encontraron nada. N-A-D-A. La vieja no tenía nada. Apremiados por el tiempo notaron que en lo alto del estante del estudio se encontraba un cofre. Bastante elegante, hasta pecaba de ostentoso con aquellas piedras incrustadas. Lo tomaron sin pensar dos veces y huyeron. ¡Ja! La sorpresa que se llevaron los malandrines al escudriñar en su botín. Más valioso que cualquier manojo de collares o fajo de billetes, la vieja conservaba su mayor tesoro: Las cenizas de su esposo recién fallecido. Es que – ¿te das cuenta? –  en tiempos tan absurdos, como los de hoy, los ladrones finalmente aprendieron a robar.

– Sarah Faride